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“Hasta que lo inconsciente no se haga consciente, el subconsciente seguirá dirigiendo tu vida, y tú le llamarás destino”

Carl G. Jung.

En su libro “Un nuevo mundo, ahora” Eckhart Tolle  nos ofrece un  recordatorio de un mensaje  que tiene para mí una gran fuerza. Este mensaje, tiene que ver con el Oráculo de Delfos, un templo de consulta a los dioses en la antigua Grecia. En esos tiempos, los habitantes de la antigua Grecia tenían la costumbre de visitar este lugar en busca de ayuda para sus problemas, y en busca de soluciones con respecto a qué tenían que hacer ante determinadas situaciones, sin embargo, para muchas de estas personas, después de su visita a este oráculo, su vida seguía igual, es decir, que no encontraban dichas respuestas ni tampoco se solucionaban sus problemas. Tal y como comenta Tolle en su libro, en clave de humor, es que parece ser, que la mayoría de estas personas, obviaban un hecho muy importante, y es que, en la entrada del templo, había una inscripción  en donde podía leerse la verdadera respuesta. Es muy interesante porque nadie sabe cómo apareció ni quién fue el autor de dicho mensaje, puede que quizás fueran los mismos dioses, en cualquier caso, es un mensaje que muchos de nosotros hemos oído, y a veces no hemos parado a reflexionar sobre su profundidad e importancia. Dicho mensaje era “Conócete a ti mismo” que, desde mi punto de vista, apunta a una de las preguntas más importantes que estamos invitados a descubrir, es decir ¿Quién soy?

 Y es que el autoconocimiento es un aspecto fundamental por varias cuestiones, una de ellas, por ejemplo, es para descubrir nuestro verdadero potencial y poder llegar a desarrollarlo, otro, para saber vivir con más sabiduría, tomando mejores decisiones y viviendo una vida alineada con nuestros valores, y más equilibrada a nivel emocional.

A mí, como me gusta pensar en la Inteligencia Emocional, es como el entrenamiento para desarrollar nuestra Sensibilidad, es decir, nuestra habilidad para sentir, y, por otro lado, nuestra Inteligencia en relación a ese sentir. La palabra Inteligencia significa etimológicamente “La cualidad del que sabe elegir entre varias opciones” y en este sentido, me encanta utilizar a los esquimales como ejemplo. Se dice que hay pueblos de esquimales en los que saben distinguir hasta más de treinta tipos de nieve, esto puede parecer algo insignificante, pero  tiene una importancia determinante en su supervivencia, puesto que dependiendo del tipo de nieve que hay en alguna ladera, por ejemplo, ellos saben si hay muchas posibilidades de avalancha, por lo que esa información les permite literalmente salvar su vida por saber por dónde pueden o no pueden ir. También, pueden saber por el tipo de nieve, si hay posibilidades de encontrar comida en ese lugar, algo decisivo para seguir con vida.

De manera que, para desarrollar nuestra inteligencia emocional, en un primer lugar, tenemos que entrenar esa destreza que tienen los esquimales en cuanto a saber distinguir, e incluso poder identificar los matices de lo que sentimos, y desarrollar de esa manera, una mayor sensibilidad en nuestra conciencia emocional.

 

 

“The energy flows when the tension goes”

Hawaian Proverb.

Si nos fijamos en los principales modelos que clasifican las diferentes áreas y competencias emocionales, podemos observar que en primer lugar suele encontrarse la de percibir y reconocer nuestras emociones. Por ejemplo:

En el modelo de Peter Salovey y John Mayer (1997)

  1. Percepción y expresión de las emociones.

En el modelo de Goleman (1995)

  1. Autoconciencia Emocional. Conocer las emociones propias, reconocer un sentimiento cuando se produce, monitorear los sentimientos en todo momento.

En el modelo de Bar-On (1997)

  1. Habilidades Intrapersonales. Autoconciencia emocional.

En el modelo de competencias emocionales de Rafael Bisquerra (2003) 

  1. Conciencia Emocional. Toma de conciencia de las propias emociones, Dar nombre a las propias emociones.

Y es que para gestionar o regular cualquier emoción, el primer paso es tomar conciencia de ella, y esto en sí, conlleva un proceso de entrenamiento y aprendizaje. Así que en este post, me gustaría compartir una manera para poder entrenar esta conciencia de nuestro estado emocional. Para ello, utilizaremos un diario, y a través de una serie de alarmas que pondremos en nuestro reloj o teléfono (Cada hora durante el día puede ser una opción), monitorearemos nuestras emociones y anotaremos que estamos sintiendo.

Para empezar, si nunca lo hemos hecho, puede estar bien utilizar el método por colores que plantea el Mood Meter, una aplicación desarrollada por el Yale Center para entrenar la autoconciencia emocional. Puedes obtener más info en el siguiente enlace: http://moodmeterapp.com/

El Mood Meter establece una división en cuatro cuadrantes de colores, de manera que utiliza:

Rojo para las emociones de alta energía y negativas (Ira, frustración, odio…)

Amarillo para las de alta energía y positivas (entusiasmo, alegría, euforia…)

Azul para las de poca energía y negativas (apatía, tristeza, aburrimiento…)

Verde para las de poca energía y positivas (tranquilidad, calma, serenidad…)

Así que como comienzo, podemos anotar simplemente el color en base a emoción positiva o negativa, y alta o baja energía.  También te dejo algunas preguntas, que pueden servirte de guía: ¿Esta emoción es agradable o desagradable? ¿Es muy intensa o poco intensa?  y, como último paso ¿Cómo se llama lo que estoy sintiendo?

En este sentido, si quieres obtener más información para mejorar tu vocabulario emocional, puedes recurrir a los siguientes libros:

  • El Emocionario

  • Universo de Emociones

Como recurso para obtener y ampliar tu vocabulario y los diferentes matices emocionales que sentimos.

 

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