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«Tus creencias no están hechas de realidades. Es tu realidad la que está hecha de creencias»
Richard Bandler.

En el post de hoy, me gustaría hablar sobre “anclas” y cómo podemos crear una de manera consciente, para poder disponer de un recurso de utilidad en momentos de bloqueo, frustración, ansiedad, etc.

El origen de los anclajes, se lo debemos al psicólogo ruso Iván Pavlov, quien, investigando los procesos digestivos de los perros y su salivación ante la comida, se dio cuenta de que un perro salivaba incluso antes de que le pusieran el alimento, e incluso hasta con tan sólo escuchar el sonido de los pasos de las personas encargadas de su cuidado. Después de observar esto, Pavlov decidió investigar con varios estímulos para ver qué es lo que provocaba dicha reacción, y uso diferentes recursos como campanillas, metrónomos, etc.

Para ello, mientras el perro comía, hacía sonar una campanilla y, tras repetirlo varias veces, se dio cuenta de que este salivaba sólo con el sonido, aunque la comida no estuviera presente. El hecho de haber repetido ese estímulo “Sonar la Campanilla” mientras se le daba la comida al perro, creó una asociación entre ambos estímulos, consolidando de esta manera, una relación entre el sonido de la campanilla con la comida misma. En psicología, a esta asociación  se la conoce como reflejo condicionado.

En el campo de la Programación Neuro Lingüística o PNL, (Puedes leer qué es y para qué sirve la PNL en este otro artículo:  http://raulravelo.com/que-es-y-para-que-sirve-la-pnl/ ) se le conoce a este proceso, es decir, el asociar una respuesta interna con algún detonador del entorno o mental, un anclaje y, un ancla, vendría a ser el estímulo específico que dispara un estado emocional concreto, que puede ser visual, en forma de imágenes, auditivo, en forma de sonidos, o cinestésico, ya sea a través de un estímulo táctil, olfativo, gustativo o una sensación.

De esta manera, podemos decir que un ancla sirve para ayudarnos a situarnos en un estado emocional, o acceder a un recurso interno en un momento determinado y, de hecho, ya hay muchos anclas inconscientes que están funcionando en nosotros, como cuando olemos un determinado perfume y nos viene inmediatamente la imagen de una persona, o cuando escuchamos una canción, y de repente sentimos una emoción que está asociada a la experiencia o experiencias vividas con esa canción.

La palabra ancla como metáfora, significa, como el ancla de un barco, un punto estable para mantenernos en un lugar determinado, de manera que nos sirve como punto de referencia para situarnos en un determinado estado utilizando un estímulo que puede ser, como ya apuntábamos arriba, visual, auditivo o cenestésico.

A continuación, veremos en seis pasos, una manera de aprender a crear nuestros propios autoanclas para poder así, acceder a estados emocionales o recursos internos de manera consciente.  

“Nuestros pensamientos son como semillas. Si plantas semillas podridas, no esperes recoger manzanas deliciosas”

Bill Meyer.

Paso 1.  Identifica el estado emocional que deseas obtener: confianza, tranquilidad, seguridad, entusiasmo, etc. Este paso es crucial ya que necesitas definir específicamente cómo quieres sentirte. Para ello, recuerda un momento particular de tu vida en el que te hayas sentido de la forma que deseas. Es muy importante que recorras tu pasado y evoques en tu mente los momentos en los que hayas experimentado el estado que necesitas y elijas entre ellos el más poderoso.

Paso 2. Revive la experiencia, asociándote plenamente desde tu punto de vista, es decir, reviviendo la experiencia en primera persona, viendo a través de tus propios ojos, escuchando a través de tus oídos, y sintiendo las sensaciones en tu cuerpo. Toma conciencia y haz un inventario de ¿Dónde estás? ¿Qué haces? ¿Qué ves? ¿Qué oyes? ¿Qué sientes? Y haz un repaso de cada submodalidad, ya sea visual, auditiva o cinestésico, por ejemplo, que tipos de imágenes ves, su tamaño, color, brillo, si tienen movimiento o son estáticas, si las ves cerca o lejos, nítidas o borrosas. Lo mismo para los sonidos, si escuchas palabras o qué tipo de sonidos, volumen, tono, si son agudos o graves, si los escuchas de cerca o de lejos, si su ritmo es rápido o lento. Y lo mismo para las sensaciones, qué sientes y dónde lo sientes, si hueles o saboreas algo y, cuando hayas acabado tu inventario, deja de pensar en la experiencia y sacude el estado pensando para ello en tu fecha de nacimiento del revés.

Paso 3. Ahora, selecciona un autoancla única, en este caso, te invito a usar un ancla cinestésica, es decir, alguna parte del cuerpo. Para ello, identifica algún lugar en la parte superior de tu cuerpo que sea fácil para ti tocar pero que no sea tocada habitualmente durante las interacciones diarias. Este aspecto es muy importante puesto que la unicidad del estímulo, hace que las anclas sean mejores y duren más.  

Paso 4. Vuelve a re acceder a la experiencia y, cuando sientas que el estado está a punto de alcanzar su intensidad máxima, toca o aprieta la parte de tu cuerpo que hayas escogido, y ajusta la presión a la intensidad del sentimiento del estado recurso. Cuando lo hayas hecho durante unos segundos, deja de pensar en la experiencia y sacude el estado (repite tu DNI del revés) Es muy importante que asocies el estímulo del ancla justo antes de la máxima intensidad del estado o la sensación.

Paso 5. Repite el paso 4 varias veces, cada vez mejorando tu experiencia del estado, como por ejemplo, amplificando cada submodalidad, es decir,  haciendo más grandes y más coloridas las imágenes, jugando con el ritmo y la velocidad de los sonidos, haciendo más intensa las sensaciones cinestésicas, etc.

Paso 6. Comprueba el ancla pensando en otra cosa totalmente diferente y luego simplemente aprentando la zona de tu autoancla. La experiencia asociada de tu estado recurso debería emerger de forma espontánea sin ningún esfuerzo consciente. Si no es así, continúa repitiendo los pasos 4 y 5 hasta que puedas acceder con facilidad  a tu estado recurso.

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