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 “La felicidad no se puede poseer, ganar o consumir. La felicidad es la experiencia espiritual de vivir cada minuto con amor, gracia y gratitud”

Denis Waitley.


Desde que empecé interesándome por el mundo del desarrollo personal y la Inteligencia Emocional, siempre me ha obsesionado buscar cosas sencillas de aprender, efectivas en sus resultados y sobretodo prácticas. Por esta razón, cuando encuentro recursos o actividades que cumplen con estos tres requisitos, me encanta compartirlas para que, aquellas personas que lo deseen, puedan introducirlas en sus rutinas diarias y poder disfrutar así, de un mayor bienestar psicológico y emocional.

Las 12 actividades de este post, son propuestas extraídas del libro “La ciencia de la Felicidad” de Sonja Lyubomirsky quien, basándose en la información extraída de sus estudios e investigaciones durante más de 30 años sobre el tema, nos invita a introducirlas en nuestra vida para entrenar y cultivar nuestro bienestar.

  1. Expresar gratitud. Una frase que forma parte del refranero popular es la de “Uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde,” y parece ser que esconde mucha sabiduría. A menudo, solemos enfocarnos en lo que nos gustaría tener y no tenemos, lo que creemos que nos hace falta o necesitamos, hasta el punto, de olvidarnos, obviar y dar por hecho lo que si tenemos. Una de las actividades y los hábitos más poderosos para mejorar nuestras vidas, tiene que ver con recordar y aprender a agradecer y disfrutar lo que si tenemos. Es por ello que, el primer ejercicio tiene que ver con regalarnos una vez a la semana (El domingo puede ser una buena opción para los que “empiezan su semana los lunes”) un espacio para escribir un diario de gratitud, donde recoger todas las cosas, experiencias o situaciones que nos hayan pasado durante la semana, por las cuales nos sintamos agradecidos.

 

  1. Cultivar el optimismo. Esta actividad tiene que ver con entrenar el hábito de identificar nuestros pensamientos más destructivos y negativos, y aprender a cuestionarlos y sacarles la parte positiva. Algunas preguntas que nos pueden ayudar en este proceso son las siguientes:
  • ¿Existe alguna manera más positiva de contarme esta historia?
  • ¿Cuál sería la versión positiva de este pensamiento?
  • ¿Cómo me hace sentir pensar de esta manera? y ¿Cómo tendría que pensar para sentirme de la manera que quiero?
  • ¿Qué pensamientos me vendría bien tener en este momento?
  • ¿Tengo la absoluta certeza de que lo que me cuento es realmente cierto? ¿Existe la posibilidad de que haya algo que no esté teniendo en cuenta?

 

  1. Evitar pensar demasiado. Hay un dicho budista que dice que “Nuestra mente es como un mono en celo saltando de rama en rama” y es que, si no sabemos gestionarla, nuestra mente puede entrar en bucles de preocupación infinitos dejándonos inmersos en el estrés y la ansiedad. Es por ello, que entrenar estrategias para “Salir del bucle” pueden ayudarnos. Dos hábitos que podemos poner en práctica son:

 

  • Saber tomar perspectiva, puesto que a veces nos implicamos tan emocionalmente en algún asunto que nuestra visión se ve limitada al problema y, paradójicamente, esto nos aleja muchas veces de buscar una solución creativa. Unas preguntas que pueden ayudarnos a ampliar el foco son: ¿Importará esto dentro de cinco años? ¿Importará este asunto en mi lecho de muerte?
  • Otra estrategia es la de enfocarse exclusivamente en lo que depende de uno y pasar de la preocupación a la acción responsable. ¿Qué depende de mí? ¿Qué puedo hacer yo? y ponernos manos a la obra.

 

  1. Practicar la amabilidad. Buscar la manera de realizar una acción altruista y amable todos los días por otras personas, es una de las vías más poderosas para experimentar felicidad y plenitud, y esto, puede hacerse con pequeñas acciones como ceder tu sitio en el autobús, ayudar a alguien a llevar la compra, dejar pasar a alguien antes mientras haces la cola en el banco, ofrecer un cumplido afectuoso y sincero, y un largo etcétera.
  1. Cuidar las relaciones sociales. Las relaciones con los demás son una de las mayores fuentes de felicidad y, paradójicamente, también de conflicto en los seres humanos. Somos seres sociales y estamos programados biológicamente para ello. Una de las claves para cultivar este aspecto, es la de dedicar tiempo de calidad para compartir con las personas importantes para nosotros, y otra, el mostrar afecto. Cómo dice Elsa Punset, necesitamos el Amor como el aire que respiramos, así que regálate poner en tu agenda prioridad para quedar y mostrarles tu amor a las personas importantes de tu vida.

 

  1. Desarrollar estrategias de afrontamiento. Si bien es verdad que la mayoría de estas actividades están planteadas para cultivar nuestras emociones positivas, también es muy importante aprender a gestionar y canalizar nuestras emociones negativas, para ello, una herramienta muy poderosa, es la escritura terapéutica, de manera que en momentos de tristeza, enfado, rencor, etc. Podemos soltar todo lo que pensamos y sentimos en un papel. También podemos utilizar otras formas como pueden ser la pintura u otros tipos de expresión artística.

 

“La felicidad no es una estación de llegada, sino un modo de viajar”
M. 
Runbeck.

  1. Aprender a perdonar. Si tuviera que elegir una actividad en cuanto a la profundidad e impacto en esta lista, esta sería sin duda la de practicar el perdón, una acción tremendamente valiente y a la vez liberadora. De hecho, me parece tan importante, que hace unos meses le dedique un artículo completo con un ejercicio para aplicar incluido. Puedes consultarlo en este enlace: http://raulravelo.com/im-sorry/
  1. Fluir más. El termino Fluir, estado de flujo o flow, es una palabra acuñada por uno de los mayores representantes de la psicología positiva, Mihaly Czsisnetmihaly, para definir esos momentos en los que estamos tan concentrados con alguna actividad, que tenemos la sensación de que el tiempo desaparece. En el siguiente artículo, puedes saber más sobre este tipo de experiencias, y algunos tips para aplicarlos en tu vida diaria: http://raulravelo.com/en-modo-flow/
  1. Saborear las alegrías de la vida. Otro de los retos que tenemos que tener en cuenta si queremos cultivar nuestra inteligencia emocional, es que las emociones negativas se agarran a nuestro cerebro como si tuvieran pegamento, y las positivas, resbalan como si tuvieran aceite. Este hecho tiene que ver con que nuestro cerebro está diseñado para la supervivencia y no para la felicidad. Una estrategia que nos puede ayudar con esta situación, es la de crear un álbum o una caja, donde podamos ir guardando pequeños símbolos, imágenes, textos escritos y objetos, que estén relacionados con experiencias positivas que vayamos viviendo y, de vez en cuando, regalarnos una sesión de recordatorio, para ampliar y reforzar todos esos anclajes positivos en nuestro cerebro.
  1. Comprometernos con nuestros objetivos. Una de las palancas que funcionan en los seres humanos como gasolina emocional, es la de tener retos, objetivos y sueños que den sentido a nuestra vida y, una manera de afinar esta palanca emocional, es la que nos proponen los coaches, es decir, la de plantearnos objetivos inteligentes “SMART”, y diseñar un plan de acción que desglose este objetivo en otros más pequeños, con sus correspondientes acciones y pasos a seguir. Te dejo el esquema del acrónimo SMART que aprendí hace unos años de un coach para establecer objetivos poderosos.

 

Objetivos Inteligentes:

 

  • eSpecífico (Que sea concreto)
  • Medible (Que pueda medir si lo he conseguido o no)
  • Alucinante (Que me flipe)
  • Realista (Que haya posibilidades de poder conseguirlo)
  • Temporalizable (Con la fecha en la que me gustaría tenerlo cumplido)

 

Para ayudarte a la hora de ponerte objetivos, puedes consultar este artículo donde te dejo un ejercicio para buscar palancas emocionales: http://raulravelo.com/la-muerte-es-un-gran-despertador/

  1. Ocuparte de tu alma. Si bien los seres humanos tenemos cuatro dimensiones, la física, mental, emocional y espiritual, muchos de nosotros olvidamos cultivar y prestarle atención a esta última. La dimensión espiritual, tiene que ver con buscarle un sentido a nuestra vida, practicar la introspección y el silencio, y preguntarnos y plantearnos, ¿cuál es el legado o contribución que quiero dejar en este planeta? Para ello, una práctica beneficiosa, es regalarnos 15 minutos al día para estar solos sin ningún estímulo y, aprender a conectar con nuestro interior para reflexionar sobre estas cuestiones. Como decía Séneca, “Para saber lo que verdaderamente necesitamos, hemos de preguntárselo al silencio”
  1. Ocuparte de tu cuerpo. Ya lo resumían muy bien los griegos con el famoso “Mens sana in corpore sano” y, si bien es fundamental dedicarle espacio a la introspección y al alma, no es menos importante ocuparnos de cuidar y nutrir nuestro cuerpo, para ello, básicamente tenemos que atender tres cuestiones fundamentales, alimentación, descanso y ejercicio. En cuanto a esta última, lo recomendable es introducir una rutina de unos treinta minutos diarios de actividad física, puedes comenzar con largos paseos, correr, patinar o ir en bici, pero lo importante es que vayas buscando rutinas que trabajen todas las áreas y músculos sin dejar ninguno de lado.
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