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Analfabetos Emocionales

“No hay nada inteligente en ser un infeliz”

Ricardo Gómez.

En el post de hoy, quiero compartir algunos estudios que reflejan tanto los riesgos que tiene ser completos analfabetos a la hora de gestionar nuestras emociones, como los beneficios de saber hacerlo, y es que, y sólo por citar algunos datos, España se encuentra entre las diez principales potencias en el consumo de antidepresivos del mundo, habiendo triplicado su cifra desde el año 2.000 al 2.013. Por otro lado, según datos de la organización mundial de la salud, la depresión afecta a más de 300 millones de personas en el mundo y, la ansiedad, a más de 260 millones.

  • El Doctor Sir William Osler realizó investigaciones que demostraron la existencia de una relación entre las enfermedades del corazón y determinados patrones de conducta. Casi un siglo más tarde, los cardiólogos Friedman y Rosenman reafirmaron esa relación con los siguientes patrones de conducta: por un lado vivir siempre con prisas y, por otro, experimentar con frecuencia sentimientos de enfado, hostilidad y agresividad. Relacionándose de esa manera el estrés con las enfermedades cardiovasculares.
  • Epidemiólogos de la University College (Londres) monitorizaron estímulos mentales positivos y negativos para medir biológicamente la felicidad y la tristeza (presión arterial, cortisol). Las personas de carácter triste producían un 32% más de cortisol. Concluyeron que quienes tienen un ánimo positivo, padecen menos problemas endocrinos y vasculares.
  • Christopher Peterson, psicólogo de la Universidad de Michigan, realizó un estudio con 122 hombres que habían sufrido un ataque al corazón. Se evaluó su grado de optimismo. Ocho años más tarde, 21 de los 25 hombres más pesimistas habían muerto; y tan solo 6 de los 25 más optimistas.
  • Bruce McEwen, psicólogo de la Universidad de Yale, publicó en 1993 un estudio en el que demostraba la relación entre estrés-enfermedad. Señaló que el estrés provocaba:
  1. Alteración de la función inmunológica.
  2. El aumento de la probabilidad de sufrir infecciones virales.
  3. Aumento en la probabilidad de sufrir infartos.
  4. La aceleración del comienzo de la diabetes.
  5. El incremento de ataques de asma.
  6. Daños en el hipocampo, perjudicando así a la memoria (cuando el estrés se mantiene de forma prolongada en el tiempo).
  • En 1996, el psicoterapeuta clínico americano Lawrence Le Shan, realizó un estudio con más de 500 pacientes de cáncer, en el que concluyó que había una relación entre la aparición de tumores malignos y la pérdida del sentido de la vida (desesperanza, desamparo), la incapacidad para expresar enfado y la pérdida de una relación emocional importante.

“Sólo tú puedes decidir que hacer con el tiempo que se te ha dado”

Gandalf el gris.

  • La Universidad de Kentucky publicó, en 2001, un estudio realizado en un convento de monjas. A través del análisis de los votos de ingreso que habían hecho las novicias, se concluyó que aquellas monjas que se planteaban los votos con una actitud optimista, vivían más años (una media de casi ocho más) que aquellas que plantearon los votos como un sacrificio.
  • Un estudio realizado durante 7 años a más de 3500 ancianos de Canadá, concluyó que aquellos ancianos que consideraban, al comienzo del estudio, que su salud era mala, tuvieron una tasa de mortalidad tres veces superior a la del grupo de ancianos que opinaban que su salud era excelente (incluso habiendo casos en que los optimistas tenían, según los médicos, un estado de salud peor que algunos del grupo de los pesimistas).
  • La Clínica de Reducción del Estrés de Jon Kabat-Zinn, ha demostrado que el entrenamiento en relajación, ayuda a los pacientes a reducir los síntomas de sus aflicciones y acelera la recuperación de sus enfermedades.
  • En un estudio realizado con nadadores olímpicos en los que se les mentía en relación al tiempo que realizaban durante los entrenamientos, se halló que los más pesimistas tenían un tiempo peor cuando se les invitaba a repetir la prueba. De manera opuesta, los más optimistas eran capaces de mejorar su marca, demostrándose de esa manera que las personas optimistas son más resilientes y se esfuerzan más por superar los obstáculos.
  • Norman Cousins, director de la revista Saturday Review en la década de 1970, fue diagnosticado con una enfermedad autoinmune, con solo una posibilidad sobre 500 de curarse. Siendo consciente de que el estrés y la preocupación solo podrían empeorar su estado, concluyó, por simple deducción, que las emociones positivas podrían mejorar su salud. Cousins, con la aprobación de su médico, se instaló en un hotel, y estuvo viendo día tras día películas cómicas, vídeos y espectáculos humorísticos, para beneficiarse de las virtudes terapéuticas de la risa. De forma casi milagrosa, la enfermedad remitió y Cousins se curó. Este suceso fue considerado como fundamento científico por muchos investigadores, entre ellos el Lee Berk. Este y su equipo realizaron un estudio en el que descubrieron que la risa tiene efectos significativos y sorprendentes en el funcionamiento de nuestro sistema inmune.
  • Un estudio realizado por The Society for Human Resource Management (SHRM), en más de 600 empresas, demuestra que los programas de entrenamiento de habilidades socio-emocionales mejoran la salud y el equilibrio emocional de sus trabajadores (reduce el estrés, el absentismo y la rotación) y el rendimiento de los equipos de trabajo (incremento de resultados de hasta un 56% y mejora del clima laboral).

 

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