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“No hay nada inteligente en ser un infeliz”

Ricardo Gómez.

En el post de hoy, quiero compartir algunos estudios que reflejan tanto los riesgos que tiene ser completos analfabetos a la hora de gestionar nuestras emociones, como los beneficios de saber hacerlo, y es que, y sólo por citar algunos datos, España se encuentra entre las diez principales potencias en el consumo de antidepresivos del mundo, habiendo triplicado su cifra desde el año 2.000 al 2.013. Por otro lado, según datos de la organización mundial de la salud, la depresión afecta a más de 300 millones de personas en el mundo y, la ansiedad, a más de 260 millones.

  • El Doctor Sir William Osler realizó investigaciones que demostraron la existencia de una relación entre las enfermedades del corazón y determinados patrones de conducta. Casi un siglo más tarde, los cardiólogos Friedman y Rosenman reafirmaron esa relación con los siguientes patrones de conducta: por un lado vivir siempre con prisas y, por otro, experimentar con frecuencia sentimientos de enfado, hostilidad y agresividad. Relacionándose de esa manera el estrés con las enfermedades cardiovasculares.
  • Epidemiólogos de la University College (Londres) monitorizaron estímulos mentales positivos y negativos para medir biológicamente la felicidad y la tristeza (presión arterial, cortisol). Las personas de carácter triste producían un 32% más de cortisol. Concluyeron que quienes tienen un ánimo positivo, padecen menos problemas endocrinos y vasculares.
  • Christopher Peterson, psicólogo de la Universidad de Michigan, realizó un estudio con 122 hombres que habían sufrido un ataque al corazón. Se evaluó su grado de optimismo. Ocho años más tarde, 21 de los 25 hombres más pesimistas habían muerto; y tan solo 6 de los 25 más optimistas.
  • Bruce McEwen, psicólogo de la Universidad de Yale, publicó en 1993 un estudio en el que demostraba la relación entre estrés-enfermedad. Señaló que el estrés provocaba:
  1. Alteración de la función inmunológica.
  2. El aumento de la probabilidad de sufrir infecciones virales.
  3. Aumento en la probabilidad de sufrir infartos.
  4. La aceleración del comienzo de la diabetes.
  5. El incremento de ataques de asma.
  6. Daños en el hipocampo, perjudicando así a la memoria (cuando el estrés se mantiene de forma prolongada en el tiempo).
  • En 1996, el psicoterapeuta clínico americano Lawrence Le Shan, realizó un estudio con más de 500 pacientes de cáncer, en el que concluyó que había una relación entre la aparición de tumores malignos y la pérdida del sentido de la vida (desesperanza, desamparo), la incapacidad para expresar enfado y la pérdida de una relación emocional importante.

“Sólo tú puedes decidir que hacer con el tiempo que se te ha dado”

Gandalf el gris.

  • La Universidad de Kentucky publicó, en 2001, un estudio realizado en un convento de monjas. A través del análisis de los votos de ingreso que habían hecho las novicias, se concluyó que aquellas monjas que se planteaban los votos con una actitud optimista, vivían más años (una media de casi ocho más) que aquellas que plantearon los votos como un sacrificio.
  • Un estudio realizado durante 7 años a más de 3500 ancianos de Canadá, concluyó que aquellos ancianos que consideraban, al comienzo del estudio, que su salud era mala, tuvieron una tasa de mortalidad tres veces superior a la del grupo de ancianos que opinaban que su salud era excelente (incluso habiendo casos en que los optimistas tenían, según los médicos, un estado de salud peor que algunos del grupo de los pesimistas).
  • La Clínica de Reducción del Estrés de Jon Kabat-Zinn, ha demostrado que el entrenamiento en relajación, ayuda a los pacientes a reducir los síntomas de sus aflicciones y acelera la recuperación de sus enfermedades.
  • En un estudio realizado con nadadores olímpicos en los que se les mentía en relación al tiempo que realizaban durante los entrenamientos, se halló que los más pesimistas tenían un tiempo peor cuando se les invitaba a repetir la prueba. De manera opuesta, los más optimistas eran capaces de mejorar su marca, demostrándose de esa manera que las personas optimistas son más resilientes y se esfuerzan más por superar los obstáculos.
  • Norman Cousins, director de la revista Saturday Review en la década de 1970, fue diagnosticado con una enfermedad autoinmune, con solo una posibilidad sobre 500 de curarse. Siendo consciente de que el estrés y la preocupación solo podrían empeorar su estado, concluyó, por simple deducción, que las emociones positivas podrían mejorar su salud. Cousins, con la aprobación de su médico, se instaló en un hotel, y estuvo viendo día tras día películas cómicas, vídeos y espectáculos humorísticos, para beneficiarse de las virtudes terapéuticas de la risa. De forma casi milagrosa, la enfermedad remitió y Cousins se curó. Este suceso fue considerado como fundamento científico por muchos investigadores, entre ellos el Lee Berk. Este y su equipo realizaron un estudio en el que descubrieron que la risa tiene efectos significativos y sorprendentes en el funcionamiento de nuestro sistema inmune.
  • Un estudio realizado por The Society for Human Resource Management (SHRM), en más de 600 empresas, demuestra que los programas de entrenamiento de habilidades socio-emocionales mejoran la salud y el equilibrio emocional de sus trabajadores (reduce el estrés, el absentismo y la rotación) y el rendimiento de los equipos de trabajo (incremento de resultados de hasta un 56% y mejora del clima laboral).

 

En este enlace, puedes descubrir 12 actividades emocionalmente inteligentes: https://bit.ly/2OVXhua

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“Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo“

Aristóteles.

Algo que desde que me dedico a la Inteligencia Emocional me ha venido preocupando, es hasta qué punto, es la Inteligencia Emocional  la nueva palabra de moda, o la nueva solución glamurosa que parece venir a dar respuesta a muchos de nuestros problemas, ¿Tiene realmente una base científica que la sustenta? ¿Realmente sirve para algo? ¿Se puede ser emocionalmente más inteligente? ¿Podemos aprender a gestionar y regular nuestras emociones?  Y, en caso afirmativo ¿Cuáles son los beneficios de hacerlo?

Después de décadas de estudio  y el avance de la neurociencia y la psicología positiva entre otras ciencias, disponemos de muchos datos para decir que si, que la Inteligencia Emocional es algo que se puede mejorar, entrenar, y que conlleva diversos beneficios tanto para nosotros, como para los sistemas u organizaciones en donde nos relacionamos.

Desde el ámbito de la educación y con los aportes de la neurociencia, se está diciendo que aquel dicho popular de “La letra con sangre entra”, está muy lejos de la realidad, y que, si queremos entornos y procesos de aprendizaje de calidad, los alumnos tienen que sentirse seguros y en confianza y, la curiosidad y la sorpresa, debe ser alimentada como uno de los recursos clave.

Por otro lado, uno de los mayores expertos académicos en temas de Inteligencia Emocional de nuestro país, Rafael Bisquerra, apunta a que el manejo y la gestión inteligente de las emociones, repercute de manera positiva tanto en el éxito escolar, cómo en la prevención de conductas de riesgo como pueden ser el abuso de sustancias o la violencia.

En el campo de las relaciones de pareja,  uno de los mayores y más expertos reconocidos, es el psicólogo John Gottman, autor del libro “7 reglas de oro para vivir en pareja”, quien afirma que, sin duda, uno de los ingredientes mágicos de las parejas que más tiempo dura en una relación, siendo esta además, feliz y satisfactoria, es el nivel de Inteligencia Emocional de los cónyuges.

 “El hombre cuya cara no sonríe, no debería abrir una tienda”

Proverbio Chino.

Si hablamos del entorno del trabajo y las empresas, son muy interesantes los resultados de un estudio desarrollado por la consultora americana experta en desarrollo organizacional e Inteligencia Emocional, Sigal Barsade. Este estudio, que consistió en medir las emociones experimentadas por los empleados mientras trabajaban, dio como resultado que un 80% de las emociones que se vivían en un puesto de trabajo, eran negativas, de las cuáles, el 53% era la ira. Por otro lado,  tan solo un 20% de las emociones vividas y experimentadas eran positivas, de las cuáles, el 19% la alegría.

En un libro publicado por el reconocido experto en Inteligencia Emocional Daniel Goleman,  titulado “La práctica de la Inteligencia Emocional”, Goleman presenta, con numerosas evidencias, como lo que el denomina “Los trabajadores estrella” de las organizaciones, destacan por ser personas con alta inteligencia emocional, hasta el punto de que tal y como el comenta, la inteligencia emocional es el doble de importante para la realización óptima de una profesión, en contraposición a las competencias puramente técnicas.

Una de las mayores  expertas en el estudio de la felicidad, la Investigadora y profesora Sonya Lyubomirsky, quien durante más de treinta años ha estudiado las características de las personas más felices, ha podido observar que, entre los múltiples beneficios de las personas que entrenan y cultivan su bienestar emocional y psicológico, se encuentran:

  • Que son más productivas.
  • Ganan mejores sueldos.
  • Son más creativas.
  • Son mejores líderes y negociadores.
  • Gozan de más apoyo social, más amigos y mejores relaciones.
  • Tienen un mejor sistema inmunológico. Mejor salud.
  • Son más cooperativas, más altruistas y más generosas.
  • Tienen una esperanza de vida más larga.

Es por ello que, entrenar y cultivar nuestra Inteligencia Emocional, parece una estrategia que merece la pena ser tenida en cuenta.

Si te has quedado con las ganas de más, en este enlace, podrás encontrar tres actividades para entrenar tu Inteligencia Emocional: https://bit.ly/2Z1lfrK

 

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 “La felicidad no se puede poseer, ganar o consumir. La felicidad es la experiencia espiritual de vivir cada minuto con amor, gracia y gratitud”

Denis Waitley.


Desde que empecé interesándome por el mundo del desarrollo personal y la Inteligencia Emocional, siempre me ha obsesionado buscar cosas sencillas de aprender, efectivas en sus resultados y sobretodo prácticas. Por esta razón, cuando encuentro recursos o actividades que cumplen con estos tres requisitos, me encanta compartirlas para que, aquellas personas que lo deseen, puedan introducirlas en sus rutinas diarias y poder disfrutar así, de un mayor bienestar psicológico y emocional.

Las 12 actividades de este post, son propuestas extraídas del libro “La ciencia de la Felicidad” de Sonja Lyubomirsky quien, basándose en la información extraída de sus estudios e investigaciones durante más de 30 años sobre el tema, nos invita a introducirlas en nuestra vida para entrenar y cultivar nuestro bienestar.

  1. Expresar gratitud. Una frase que forma parte del refranero popular es la de “Uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde,” y parece ser que esconde mucha sabiduría. A menudo, solemos enfocarnos en lo que nos gustaría tener y no tenemos, lo que creemos que nos hace falta o necesitamos, hasta el punto, de olvidarnos, obviar y dar por hecho lo que si tenemos. Una de las actividades y los hábitos más poderosos para mejorar nuestras vidas, tiene que ver con recordar y aprender a agradecer y disfrutar lo que si tenemos. Es por ello que, el primer ejercicio tiene que ver con regalarnos una vez a la semana (El domingo puede ser una buena opción para los que “empiezan su semana los lunes”) un espacio para escribir un diario de gratitud, donde recoger todas las cosas, experiencias o situaciones que nos hayan pasado durante la semana, por las cuales nos sintamos agradecidos.

 

  1. Cultivar el optimismo. Esta actividad tiene que ver con entrenar el hábito de identificar nuestros pensamientos más destructivos y negativos, y aprender a cuestionarlos y sacarles la parte positiva. Algunas preguntas que nos pueden ayudar en este proceso son las siguientes:
  • ¿Existe alguna manera más positiva de contarme esta historia?
  • ¿Cuál sería la versión positiva de este pensamiento?
  • ¿Cómo me hace sentir pensar de esta manera? y ¿Cómo tendría que pensar para sentirme de la manera que quiero?
  • ¿Qué pensamientos me vendría bien tener en este momento?
  • ¿Tengo la absoluta certeza de que lo que me cuento es realmente cierto? ¿Existe la posibilidad de que haya algo que no esté teniendo en cuenta?

 

  1. Evitar pensar demasiado. Hay un dicho budista que dice que “Nuestra mente es como un mono en celo saltando de rama en rama” y es que, si no sabemos gestionarla, nuestra mente puede entrar en bucles de preocupación infinitos dejándonos inmersos en el estrés y la ansiedad. Es por ello, que entrenar estrategias para “Salir del bucle” pueden ayudarnos. Dos hábitos que podemos poner en práctica son:

 

  • Saber tomar perspectiva, puesto que a veces nos implicamos tan emocionalmente en algún asunto que nuestra visión se ve limitada al problema y, paradójicamente, esto nos aleja muchas veces de buscar una solución creativa. Unas preguntas que pueden ayudarnos a ampliar el foco son: ¿Importará esto dentro de cinco años? ¿Importará este asunto en mi lecho de muerte?
  • Otra estrategia es la de enfocarse exclusivamente en lo que depende de uno y pasar de la preocupación a la acción responsable. ¿Qué depende de mí? ¿Qué puedo hacer yo? y ponernos manos a la obra.

 

  1. Practicar la amabilidad. Buscar la manera de realizar una acción altruista y amable todos los días por otras personas, es una de las vías más poderosas para experimentar felicidad y plenitud, y esto, puede hacerse con pequeñas acciones como ceder tu sitio en el autobús, ayudar a alguien a llevar la compra, dejar pasar a alguien antes mientras haces la cola en el banco, ofrecer un cumplido afectuoso y sincero, y un largo etcétera.
  1. Cuidar las relaciones sociales. Las relaciones con los demás son una de las mayores fuentes de felicidad y, paradójicamente, también de conflicto en los seres humanos. Somos seres sociales y estamos programados biológicamente para ello. Una de las claves para cultivar este aspecto, es la de dedicar tiempo de calidad para compartir con las personas importantes para nosotros, y otra, el mostrar afecto. Cómo dice Elsa Punset, necesitamos el Amor como el aire que respiramos, así que regálate poner en tu agenda prioridad para quedar y mostrarles tu amor a las personas importantes de tu vida.

 

  1. Desarrollar estrategias de afrontamiento. Si bien es verdad que la mayoría de estas actividades están planteadas para cultivar nuestras emociones positivas, también es muy importante aprender a gestionar y canalizar nuestras emociones negativas, para ello, una herramienta muy poderosa, es la escritura terapéutica, de manera que en momentos de tristeza, enfado, rencor, etc. Podemos soltar todo lo que pensamos y sentimos en un papel. También podemos utilizar otras formas como pueden ser la pintura u otros tipos de expresión artística.

 

“La felicidad no es una estación de llegada, sino un modo de viajar”
M. 
Runbeck.

  1. Aprender a perdonar. Si tuviera que elegir una actividad en cuanto a la profundidad e impacto en esta lista, esta sería sin duda la de practicar el perdón, una acción tremendamente valiente y a la vez liberadora. De hecho, me parece tan importante, que hace unos meses le dedique un artículo completo con un ejercicio para aplicar incluido. Puedes consultarlo en este enlace: http://raulravelo.com/im-sorry/
  1. Fluir más. El termino Fluir, estado de flujo o flow, es una palabra acuñada por uno de los mayores representantes de la psicología positiva, Mihaly Czsisnetmihaly, para definir esos momentos en los que estamos tan concentrados con alguna actividad, que tenemos la sensación de que el tiempo desaparece. En el siguiente artículo, puedes saber más sobre este tipo de experiencias, y algunos tips para aplicarlos en tu vida diaria: http://raulravelo.com/en-modo-flow/
  1. Saborear las alegrías de la vida. Otro de los retos que tenemos que tener en cuenta si queremos cultivar nuestra inteligencia emocional, es que las emociones negativas se agarran a nuestro cerebro como si tuvieran pegamento, y las positivas, resbalan como si tuvieran aceite. Este hecho tiene que ver con que nuestro cerebro está diseñado para la supervivencia y no para la felicidad. Una estrategia que nos puede ayudar con esta situación, es la de crear un álbum o una caja, donde podamos ir guardando pequeños símbolos, imágenes, textos escritos y objetos, que estén relacionados con experiencias positivas que vayamos viviendo y, de vez en cuando, regalarnos una sesión de recordatorio, para ampliar y reforzar todos esos anclajes positivos en nuestro cerebro.
  1. Comprometernos con nuestros objetivos. Una de las palancas que funcionan en los seres humanos como gasolina emocional, es la de tener retos, objetivos y sueños que den sentido a nuestra vida y, una manera de afinar esta palanca emocional, es la que nos proponen los coaches, es decir, la de plantearnos objetivos inteligentes “SMART”, y diseñar un plan de acción que desglose este objetivo en otros más pequeños, con sus correspondientes acciones y pasos a seguir. Te dejo el esquema del acrónimo SMART que aprendí hace unos años de un coach para establecer objetivos poderosos.

 

Objetivos Inteligentes:

 

  • eSpecífico (Que sea concreto)
  • Medible (Que pueda medir si lo he conseguido o no)
  • Alucinante (Que me flipe)
  • Realista (Que haya posibilidades de poder conseguirlo)
  • Temporalizable (Con la fecha en la que me gustaría tenerlo cumplido)

 

Para ayudarte a la hora de ponerte objetivos, puedes consultar este artículo donde te dejo un ejercicio para buscar palancas emocionales: http://raulravelo.com/la-muerte-es-un-gran-despertador/

  1. Ocuparte de tu alma. Si bien los seres humanos tenemos cuatro dimensiones, la física, mental, emocional y espiritual, muchos de nosotros olvidamos cultivar y prestarle atención a esta última. La dimensión espiritual, tiene que ver con buscarle un sentido a nuestra vida, practicar la introspección y el silencio, y preguntarnos y plantearnos, ¿cuál es el legado o contribución que quiero dejar en este planeta? Para ello, una práctica beneficiosa, es regalarnos 15 minutos al día para estar solos sin ningún estímulo y, aprender a conectar con nuestro interior para reflexionar sobre estas cuestiones. Como decía Séneca, “Para saber lo que verdaderamente necesitamos, hemos de preguntárselo al silencio”
  1. Ocuparte de tu cuerpo. Ya lo resumían muy bien los griegos con el famoso “Mens sana in corpore sano” y, si bien es fundamental dedicarle espacio a la introspección y al alma, no es menos importante ocuparnos de cuidar y nutrir nuestro cuerpo, para ello, básicamente tenemos que atender tres cuestiones fundamentales, alimentación, descanso y ejercicio. En cuanto a esta última, lo recomendable es introducir una rutina de unos treinta minutos diarios de actividad física, puedes comenzar con largos paseos, correr, patinar o ir en bici, pero lo importante es que vayas buscando rutinas que trabajen todas las áreas y músculos sin dejar ninguno de lado.
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«Tus creencias no están hechas de realidades. Es tu realidad la que está hecha de creencias»
Richard Bandler.

En el post de hoy, me gustaría hablar sobre “anclas” y cómo podemos crear una de manera consciente, para poder disponer de un recurso de utilidad en momentos de bloqueo, frustración, ansiedad, etc.

El origen de los anclajes, se lo debemos al psicólogo ruso Iván Pavlov, quien, investigando los procesos digestivos de los perros y su salivación ante la comida, se dio cuenta de que un perro salivaba incluso antes de que le pusieran el alimento, e incluso hasta con tan sólo escuchar el sonido de los pasos de las personas encargadas de su cuidado. Después de observar esto, Pavlov decidió investigar con varios estímulos para ver qué es lo que provocaba dicha reacción, y uso diferentes recursos como campanillas, metrónomos, etc.

Para ello, mientras el perro comía, hacía sonar una campanilla y, tras repetirlo varias veces, se dio cuenta de que este salivaba sólo con el sonido, aunque la comida no estuviera presente. El hecho de haber repetido ese estímulo “Sonar la Campanilla” mientras se le daba la comida al perro, creó una asociación entre ambos estímulos, consolidando de esta manera, una relación entre el sonido de la campanilla con la comida misma. En psicología, a esta asociación  se la conoce como reflejo condicionado.

En el campo de la Programación Neuro Lingüística o PNL, (Puedes leer qué es y para qué sirve la PNL en este otro artículo:  http://raulravelo.com/que-es-y-para-que-sirve-la-pnl/ ) se le conoce a este proceso, es decir, el asociar una respuesta interna con algún detonador del entorno o mental, un anclaje y, un ancla, vendría a ser el estímulo específico que dispara un estado emocional concreto, que puede ser visual, en forma de imágenes, auditivo, en forma de sonidos, o cinestésico, ya sea a través de un estímulo táctil, olfativo, gustativo o una sensación.

De esta manera, podemos decir que un ancla sirve para ayudarnos a situarnos en un estado emocional, o acceder a un recurso interno en un momento determinado y, de hecho, ya hay muchos anclas inconscientes que están funcionando en nosotros, como cuando olemos un determinado perfume y nos viene inmediatamente la imagen de una persona, o cuando escuchamos una canción, y de repente sentimos una emoción que está asociada a la experiencia o experiencias vividas con esa canción.

La palabra ancla como metáfora, significa, como el ancla de un barco, un punto estable para mantenernos en un lugar determinado, de manera que nos sirve como punto de referencia para situarnos en un determinado estado utilizando un estímulo que puede ser, como ya apuntábamos arriba, visual, auditivo o cenestésico.

A continuación, veremos en seis pasos, una manera de aprender a crear nuestros propios autoanclas para poder así, acceder a estados emocionales o recursos internos de manera consciente.  

“Nuestros pensamientos son como semillas. Si plantas semillas podridas, no esperes recoger manzanas deliciosas”

Bill Meyer.

Paso 1.  Identifica el estado emocional que deseas obtener: confianza, tranquilidad, seguridad, entusiasmo, etc. Este paso es crucial ya que necesitas definir específicamente cómo quieres sentirte. Para ello, recuerda un momento particular de tu vida en el que te hayas sentido de la forma que deseas. Es muy importante que recorras tu pasado y evoques en tu mente los momentos en los que hayas experimentado el estado que necesitas y elijas entre ellos el más poderoso.

Paso 2. Revive la experiencia, asociándote plenamente desde tu punto de vista, es decir, reviviendo la experiencia en primera persona, viendo a través de tus propios ojos, escuchando a través de tus oídos, y sintiendo las sensaciones en tu cuerpo. Toma conciencia y haz un inventario de ¿Dónde estás? ¿Qué haces? ¿Qué ves? ¿Qué oyes? ¿Qué sientes? Y haz un repaso de cada submodalidad, ya sea visual, auditiva o cinestésico, por ejemplo, que tipos de imágenes ves, su tamaño, color, brillo, si tienen movimiento o son estáticas, si las ves cerca o lejos, nítidas o borrosas. Lo mismo para los sonidos, si escuchas palabras o qué tipo de sonidos, volumen, tono, si son agudos o graves, si los escuchas de cerca o de lejos, si su ritmo es rápido o lento. Y lo mismo para las sensaciones, qué sientes y dónde lo sientes, si hueles o saboreas algo y, cuando hayas acabado tu inventario, deja de pensar en la experiencia y sacude el estado pensando para ello en tu fecha de nacimiento del revés.

Paso 3. Ahora, selecciona un autoancla única, en este caso, te invito a usar un ancla cinestésica, es decir, alguna parte del cuerpo. Para ello, identifica algún lugar en la parte superior de tu cuerpo que sea fácil para ti tocar pero que no sea tocada habitualmente durante las interacciones diarias. Este aspecto es muy importante puesto que la unicidad del estímulo, hace que las anclas sean mejores y duren más.  

Paso 4. Vuelve a re acceder a la experiencia y, cuando sientas que el estado está a punto de alcanzar su intensidad máxima, toca o aprieta la parte de tu cuerpo que hayas escogido, y ajusta la presión a la intensidad del sentimiento del estado recurso. Cuando lo hayas hecho durante unos segundos, deja de pensar en la experiencia y sacude el estado (repite tu DNI del revés) Es muy importante que asocies el estímulo del ancla justo antes de la máxima intensidad del estado o la sensación.

Paso 5. Repite el paso 4 varias veces, cada vez mejorando tu experiencia del estado, como por ejemplo, amplificando cada submodalidad, es decir,  haciendo más grandes y más coloridas las imágenes, jugando con el ritmo y la velocidad de los sonidos, haciendo más intensa las sensaciones cinestésicas, etc.

Paso 6. Comprueba el ancla pensando en otra cosa totalmente diferente y luego simplemente aprentando la zona de tu autoancla. La experiencia asociada de tu estado recurso debería emerger de forma espontánea sin ningún esfuerzo consciente. Si no es así, continúa repitiendo los pasos 4 y 5 hasta que puedas acceder con facilidad  a tu estado recurso.

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“Be water my friend”

Bruce Lee.

¿Te ha pasado alguna vez que has estado tan metido y conectado con alguna experiencia, que has sentido como si el tiempo se parase. Ese momento en que de repente miras el reloj o sales de ese estado, y tomas conciencia de que llevabas un largo rato y ni te habías dado cuenta. Un tiempo, en el que estabas tan concentrado con lo que hacías, que eras uno mismo con la experiencia, donde los problemas y el dialogo interior eran disipados y sustituidos por un nivel profundo de disfrute y conexión con el momento presente?

Puede haber sido leyendo un libro, preparando alguna comida, realizando algún proyecto, disfrutando de una conversación, realizando algún deporte, practicando algún hobbie, etc.

A esta experiencia, es lo que se le conoce como Flow, Fluir o experiencia de Flujo, un término acuñado por el Psicólogo Mihaly Czsisnetmihaly en la década de los años 70, relacionado con un estado emocional intenso, positivo, de gran creatividad y placentero.

El Flow o experiencia de flujo, podemos definirla en palabras de Czsisnetmihaly  como  “El flujo o Estado de Flow es un estado subjetivo que las personas experimentan cuando están completamente involucradas en algo hasta el extremo de olvidarse del tiempo, la fatiga y de todo lo demás, excepto de la actividad en sí misma”

Y es que el Estado de Flow está relacionado con el bienestar y la felicidad,  y nos aportan significado a nuestra vida, por lo que en este post, vamos a ver de qué se trata exactamente, y cómo podemos cultivar más estados de estos en nuestra vida diaria.

El estado de Flow se produce cuando hay un encaje armónico y equilibrado entre la tarea o reto que realizamos y nuestro nivel de habilidad o competencia. Esto, plantea un reto en sí mismo y una paradoja, puesto que a mayor nivel de habilidad o competencia, mayor tendrá que ser el nivel de reto, encontrando un equilibrio para poder experimentar Flow,  porque si la actividad que estamos realizando es muy superior a nuestro nivel de competencia, esta nos producirá ansiedad y, si el nivel de competencia es mucho mayor que el reto o tarea a realizar, esto nos hará experimentar aburrimiento o apatía.

“El pasado es historia, el futuro un misterio, y este momento es un regalo. Es por eso que se le llama PRESENTE”

Deepak Chopra.

En cuanto a las características de la experiencia de flujo, se encuentran las siguientes:

  1. Existe una atención y un foco intenso en lo que se hace. Se vive completamente absorto en la tarea o experiencia. Estado profundo de presencia.
  2. Hay una sensación de éxtasis y de placer mientras se realiza la actividad.
  3. Sensación de claridad y de control, hay un objetivo concreto. Sabes lo que estás haciendo en cada momento.
  4. Existe un Feedback inmediato, y tus habilidades y capacidades se adecuan al reto o tarea perfectamente.
  5. Hay una sensación de crecimiento, expansión y de que es posible realizar esa tarea a pesar de las dificultades.
  6. Desaparece la sensación de tiempo. Experimentamos un estado de conciencia organizado que unifica pensamiento y acción.
  7. Te sientes parte de algo más grande que tú.

Como ya apuntábamos más arriba, la experiencia de flujo es una sensación de disfrute y placentera, que nos produce bienestar y, también es un estado que nos permite expandir nuestros talentos y capacidades, nuestra creatividad y nuestro potencial, y a ser más eficientes en las tareas que realizamos, es por ello, que hoy me gustaría compartir algunas claves para poder entrenar y poder vivir más estados de Flow en nuestro día a día.

Claves prácticas para experimentar Flow:

  1. Introduce en tu rutina diaria la práctica de algún Hobbie o actividad que te motive o te llame la curiosidad.
  2. Pon el foco en tus fortalezas a la hora de realizar tus tareas diarias, por ejemplo, si en tu trabajo tu punto fuerte es la creación de relaciones o la comunicación, pon el foco en esa área.
  3. Establece objetivos claros y concretos, y desmenúzalos en partes pequeñas. Piensa en grande a través de la gestión del detalle. Mejor aprender una nueva melodía con placer, que frustrarte y no querer seguir tocando tu instrumento. Poco a poco, pasito a pasito.
  4. La actividad es en sí misma el regalo. Proceso, proceso y proceso. Que el objetivo final no nuble ni bloquee el momento presente. Céntrate en el proceso, no en el resultado.
  5. Evalúa y ajusta constantemente el equilibrio entre el nivel del reto que realizas y el de tu nivel competencia o habilidad.
  6. Concéntrate en lo que depende exclusivamente de ti.
  7. Cuida y prepara el contexto para tener las mínimas distracciones posibles.
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“La raza humana tiene un arma verdaderamente eficaz. La RISA”

Mark Twain.

 

Son muchos los retos a los que la mayoría de nosotros tenemos que hacer frente cada día, y es que la vida es esa gran aventura misteriosa y desconocida, a la cuál venimos, aparentemente, sin un manual de instrucciones y sin una guía clara sobre cómo vivirla. En el caso de las sociedades modernas occidentales y occidentalizadas, el ritmo frenético, las prisas, las presiones, los problemas y la competitividad entre otros elementos, unidas a la falta de educación emocional, hacen que gestionar estados emocionales como la ansiedad o el estrés en nuestro día a día, o la posibilidad de mantener un estado de ánimo positivo o estar de buen humor, parezca en ocasiones más un cuento de ciencia ficción que una opción realista y sostenible.

Un estudio llevado a cabo por una universidad de Londres, reveló que la media de veces que nos reímos cuando somos niños es de 400 por día, frente a la cantidad de veces que nos reímos cuando somos adultos, que se sitúa entre 20 y 50. Podríamos pensar en muchos argumentos que justifiquen estas cifras, pero, yo me pregunto ¿Esto tiene que ser así?

Uno de los campos de la ciencia que más se ha ido desarrollando en las últimas décadas, es la neurociencia, y uno de sus más llamativos descubrimientos, es el concepto de plasticidad neuronal. La plasticidad neuronal, apunta a que nuestro sistema nervioso tiene la capacidad de cambiar y modificar su funcionamiento, y representa la capacidad de nuestro cerebro para recuperarse, reestructurarse y aprender durante toda la vida.

Nos encontramos pues, ante un gran reto, puesto que tal y como apunta el doctor en neurociencia Francisco Mora, nuestro cerebro está diseñado para la supervivencia y no para la felicidad. Esto quiere decir que estar de buen humor o mantener un estado de ánimo positivo tiene más que ver con un entrenamiento activo y con las ganas y la motivación para hacerlo, que con una función que nos viene de serie. Es como nuestro cuerpo, si bien todos nacemos con uno, el hecho de mantenerlo en forma, sano y equilibrado, tiene más que ver y requiere de ciertos hábitos tanto de alimentación, como de descanso y sueño, que, por cierto, también influyen muchísimo en nuestro bienestar y equilibrio psicológico y emocional.

Y no se trata de ver la vida de color de rosa, de negar los problemas o de no experimentar y vivir toda la gama de emociones que nos acompañan, puesto que todas tienen su función, sino más bien, de entrenar unos determinados hábitos y buscar un equilibrio, puesto que nuestras emociones y nuestros pensamientos, determinan la calidad de nuestra vida.

La profesora, psicóloga e investigadora Bárbara Fredickson, nos habla de que un equilibrio emocional sano debería situarse en un ratio de 3/1, es decir, que cuando nos referimos a tener una vida emocional equilibrada, las emociones positivas tendrían que pesar tres veces más que las negativas, puesto que cada emoción negativa tiene un impacto mayor en nuestro organismo. De hecho, y tal como apunta esta autora, el ratio en personas con depresión se sitúa en 1/1, es decir, en una emoción negativa por cada positiva, o incluso varias negativas por cada positiva.

“Una sonrisa cuesta menos que la electricidad y da mucha más luz”

Proverbio escocés.

Es por ello, que hoy quiero hablarles de una aliada “La ALEGRÍA”,  y de una estrategia para su cultivo y entrenamiento “La RISOTERAPIA.”

 

Son muchos los estudios que han proliferado en las últimas décadas en las que han quedado constatados los múltiples beneficios que la risa nos aporta tanto a nivel individual como de grupo, como por ejemplo:

 

  • Libera tensiones, tanto a nivel psíquico como físico.
  • Ayuda a reducir el estrés, la ansiedad y a disminuir los síntomas de la depresión.
  • Nos permite tomar distancia de nuestros problemas y verlos desde una perspectiva diferente.

 

Y a nivel de grupos y organizaciones:

 

  • Mejora el clima laboral.
  • Favorece la cohesión de equipos.
  • Fortalece el sentimiento de pertenencia.

 

Puedes ver más beneficios de la risa en este otro artículo https://bit.ly/2Tr04wu

 

Una manera de experimentarla, es través de la Risoterapia pero, ¿Qué es y de dónde viene?

La Risa viene siendo objeto de admiración desde hace más de 4.000 años. En la cultura oriental por ejemplo, la risa era considerada no sólo como una expresión física, sino como algo espiritual. En la filosofía del Tao, se entendía la risa como un equilibrador de la salud, y en algunos lugares de la India, se veía como una forma de meditación e incluso había templos donde se practicaba.

Es en occidente, con el doctor Hunter “Patch» Adams con quien, en la década de los 80, aplicando la alegría y el buen humor como apoyo en la recuperación y tratamiento de enfermedades con muy buenos resultados, cuando la risoterapia ha comenzado a extenderse y ha llegado incluso a las salas de los hospitales.

 

Podríamos definir la risoterapia, como una disciplina que invita a través de diversas técnicas de expresión corporal, juegos y dinámicas, a que las personas conecten con la alegría, la curiosidad, la espontaneidad, el entusiasmo y la creatividad para que la risa aparezca de forma natural, pudiendo experimentar todos los beneficios que apuntábamos anteriormente a la vez que te lo pasas en grande.

Te apetece VIVIR CON ALEGRÍA??

 

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 “Si un problema tiene solución ¿Para qué te quejas? y, si un problema no tiene solución ¿Para qué te quejas?”

 Proverbio Chino.

En este post, voy a compartir tres pequeños ejercicios que son muy sencillos de aprender y de poner en práctica, y que, si los convertimos en parte de nuestra rutina diaria, van a ayudarnos a entrenar nuestra Inteligencia Emocional y a mejorar nuestro bienestar.

El primero de ellos, es un ejercicio que encontré en el libro “Coaching personal” de Pam Richardson y, aunque puede parecer un ejercicio muy simple, convertido en un hábito diario, puede transformar nuestra vida de una manera muy poderosa. El ejercicio se llama “24 horas sin quejarse” y, básicamente, consiste en eso, es decir, en permanecer un día entero sin quejarnos por nada en absoluto.

Al principio, el ejercicio tendrá más que ver con una toma de conciencia de cuanto nos quejamos, y ganar en claridad en relación a cuánto tiempo y energía invertimos en la queja, para, según lo vayamos entrenando, incorporar el hábito de quejarnos menos en sí mismo.

No se trata de decir que la queja es algo malo, o de renunciar a nuestro derecho a la misma, sino más bien, de tomar conciencia de cuan a menudo ponemos el foco en el problema y no en la solución, o con qué facilidad entramos en un bucle de negatividad que nos resta energía y nos desgasta y que, paradójicamente, nos aleja de una actitud más proactiva y enfocada en lo que si podemos cambiar y en nuestro verdadero poder interior, es decir, ¿Qué depende de nosotros para mejorar o transformar algo?. Mi invitación, es que te lo tomes como un juego, y que cada vez que te descubras a ti mismo quejándote, vuelvas a empezar de nuevo. Con el tiempo, cuando tomes conciencia de cuanta energía solemos desperdiciar, y como esto hace que literalmente nos desgastemos emocionalmente y, por el contrario, cuando experimentes los beneficios de quejarte menos y como esto impacta en tu estado emocional, quien sabe, igual te apetece ir incrementando el tiempo sin queja.

“Siento luego existo”

Amit Abraham.

El segundo ejercicio que quiero compartir, es una variación de lo que se conoce como “La relajación progresiva de Jacobson”. Este método, fue creado en la década de los años 30 por este autor, y está orientado a conseguir un estado de reposo corporal y mental, y bajar niveles de ansiedad a través de la tensión/relajación de diferentes músculos del cuerpo.

Aunque el método tiene tres fases, vamos a enfocarnos en la primera, es decir, la fase donde trabajaremos desde el cuerpo para conseguir un estado de relajación. Para ello, podremos hacerlo o bien acostados sobre una superficie relativamente dura y con la cabeza ligeramente en alto, o bien sentados en una silla. Durante cada ejercicio combinaremos unos seis segundos de tensión con otros seis segundos de relajación, y por cada músculo, repetiremos el ejercicio tres veces.

Por ejemplo: Si empezamos con la cara, podremos arrugar la frente e ir lentamente relajándola a la vez que ponemos toda nuestra atención en esta parte del cuerpo. (Seis segundos de tensión y otros seis segundos de relajación “repetir durante tres veces con cada músculo”)

Es muy importante poner la atención durante cada ejercicio en los cambios que se producen entre el estado de tensión y relajación, y observar que partes de nuestro cuerpo están más tensas.

Estos son los diferentes músculos con los que trabajar:                       

  1. Relajación de cara, cuello y hombros:

– Frente: arrugar la frente y destensarla lentamente.

– Ojos: abrir ampliamente y cerrar lentamente.

– Nariz: arrugarla y destensarla lentamente.

– Boca: sonreír ampliamente y relajar lentamente.

– Lengua: presionar la lengua contra el paladar y relajarla lentamente.

– Mandíbula: apretar los dientes notando la tensión en los músculos laterales de la cara y en las sienes, para luego relajar lentamente.

– Labios: arrugar como para dar un beso durante unos segundos y relajar lentamente.

– Cuello y nuca: Flexionar hacia atrás, volver a la posición inicial. Flexionar hacia adelante, volver a la posición inicial lentamente.

– Hombros y cuello: elevar los hombros presionando contra el cuello, volver a la posición inicial lentamente.

  1. Relajación de brazos y manos:

Contraer, sin mover, primero un brazo y luego el otro con el puño apretado, notando la tensión en brazos, antebrazos y manos. Destensar lentamente.

  1. Relajación de piernas:

Estirar primero una pierna y después la otra levantando el pie hacia arriba y notando la tensión en las piernas: trasero, muslo, rodilla, pantorrilla y pie. Destensar lentamente.

  1. Relajación de tórax, abdomen y región lumbar (mejor sentado sobre una silla):

– Espalda: intentar que se toquen los omóplatos pero sin que lleguen a tocarse. Destensar.

– Tórax: inspirar y retener el aire durante unos segundos en los pulmones. Observar la tensión en el pecho. Espirar lentamente.

– Estómago: tensar estómago y destensar lentamente.

– Cintura: Tensar nalgas y muslos. Destensar.

“No juzgues cada día por lo que cosechas, sino por las semillas que plantas”

Robert Louis Stevenson.

El último ejercicio de este post, es una estrategia llevada a cabo y evaluada por el psicólogo Martin Seligman y su equipo, quienes han constatado que, incorporar esta rutina a nuestra vida, hace que disminuyan los niveles de depresión y aumente nuestra sensación de bienestar y satisfacción con la vida.

El ejercicio, consiste en que cada noche antes de dormir, apuntemos en un diario “3 cosas buenas” o positivas que nos hayan sucedido durante el día, estas tres cosas, no tienen por qué ser grandes acontecimientos, pueden ser simplemente situaciones que hayan sido placenteras o que te hayan reportado alguna emoción positiva, como por ejemplo, algo que hayas comido, alguna conversación interesante, algún encuentro con alguien que te importa, un trabajo bien hecho, haber hecho ejercicio físico, ver una película que te gustó, etc.

El reto es entrenar nuestro cerebro a poner atención y dar importancia a todas esas situaciones que vivimos y que nos aportan emociones y sensaciones agradables. Al principio, puede que nos cueste encontrar situaciones y hasta que tres nos parezcan muchas. Mi experiencia dinamizando talleres de Inteligencia Emocional es que a muchas personas les pasa esto al principio, pero una vez comenzado el proceso, estos momentos salen cada vez más rápido y podemos sacar hasta mucho más de tres al día. También es probable que cuando tengas un día muy estresante o muy negativo no te apetezca nada hacer esto, pero precisamente es en esos días cuando más partido le vas a sacar y cuando más lo necesitamos.

La manera de levarlo a cabo es la siguiente:

  1. Ponle un nombre o un título a ese momento “El abrazo que le di a mi hijo al dejarlo en el cole”
  2. Escribe esa vivencia con el mayor lujo de detalles, respondiendo a las preguntas ¿Por qué fue bueno ese momento para mí? ¿Qué tiene de positivo?
  3. Anota la emoción o la sensación positiva que sentiste.

 

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